Artículo publicado en el Daily Iowan el 29 de noviembre de 2011.
Traducción, Adibs.

Diane Harper.
M.D., M.P.H., M.S.,
Directora del Gynecologic Cancer Prevention Research
Group en la Universidad de Missouri-Kansas City

Como médica que trata regularmente a mujeres y hombres afectados por enfermedades derivadas del VPH, mi experiencia incluye: sentarme a la cabecera de una mujer con cáncer cervical terminal, realizar centenares de miles de colposcopias, intervenir en operaciones por lesiones cancerosas por VPH,        participar activamente en programas de investigación sobre prevención de cáncer cervical por VPH en el National Cancer Institute, Dartmouth y en la University of Missouri-Kansas City; servir como Directora del
Estado para los programas de Detección Precoz de Cáncer Cervical y de Mama del CDC; ser consultora para Merck (fabricante de la vacuna Gardasil, utilizada en hospitales y clínicas de la Universidad de Iowa) y para GSK (fabricante de la vacuna Cervarix), en el diseño de los ensayos clínicos de la vacuna en la fase-II y fase-III para la su aprobación por la FDA. Ser consultora para la OMS; Profesora Invitada en más de 70 países para la prevención del cáncer cervical y  enfermedades asociadas al VPH. Así, resulta refrescante un editorial (“Recomiende test de Papanicolau 1 , no vacunas”,  29 Nov. 2011,The Daily Iowan) que, siendo crítico, ni  avergüenza ni asusta a las mujeres que se vacunan.
En Estados Unidos el actual programa de citología cervical da una incidencia anual media de 8 por 100.000 casos de cáncer cervical. Las mujeres negras y latinoamericanas son las que tienen tasas más altas: 11,1 por 100.000 y 12,8 por 100.000 respectivamente. La citología puede reducir la incidencia de cancer de cuello de útero al 2 o 3 por cada 100.000 mujeres, por los falsos negativos. Si se ignora la citología cervical y se supone generosamente que el Gardasil cubrirá todo la vida (para lo que no existen pruebas, sólo especulaciones), que su eficacia se mantendrá al 100% durante toda la vida (nuevamente sin pruebas, sólo especulación), que proporcionará protección total contra el VPH-16 y -18 y parcial contra el VPH-31 y, que cada mujer recibirá las tres vacunas a su tiempo, la incidencia de cáncer cervical más baja que el Gardasil podría alcanzar sería del 14 por 100.000 y ello tras 60 años de uso.
Con similares suposiciones acerca del Cervarix pero teniendo en cuenta su protección contra seis de los cánceres causados por el VPH, la incidencia más baja sería del 9,35 por 100.000.

…Si hay que elegir entre citología cervical y vacuna, la citología representa el modo de detección precoz de lesiones en 15 de los tipos de cáncer causados por VPH que pueden ser tratados, previniendo así el cáncer de cuello de útero. Y, en caso de que decida añadir vacunación a la citología, hay que optar por una de las dos vacunas. En este caso, tendrá que imaginarse su efecto combinado ya que no existen datos. Todos los modelos coste-efectividad publicados en un gran número de países muestran que si la vacuna es administrada a los 11 o 12 años de edad y no dura al menos 15 años (periodo de máxima actividad sexual y riesgo de padecer una infección por VPH), no se habría prevenido cáncer alguno.
Los cánceres seguirían desarrollándose, solo que ahora en edades más tardías. Si se presuponen que la vacuna dura toda la vida sin advertir una eficacia menguante, el número de cánceres que se podrían prevenir por encima de lo que cubre actualmente la
citología cervical (sin contar mejoras en divulgación, acceso a pruebas y tratamiento), es tan pequeño que estadísticamente no reduciría la incidencia de cáncer cervical entre la población, por encima de lo que hace la citología actualmente.
Si bien muchas organizaciones médicas recomiendan vacunarse contra el VPH contra el cáncer de cuello de útero, ninguna organización profesional la ordena. Todas reconocen que más del 95% de las infecciones por VPH no degeneran en cáncer y que la citología de cuello de útero es absolutamente necesaria en la detección precoz y el tratamiento de cáncer de útero.
La mayoría de las organizaciones reconocen que las vacunas del VPH son una opción a considerar en su programa de prevención del cáncer cervical –como opcionales son las virutas en un helado de cucurucho– y por eso son recomendadas.
Todo lo que se hace en medicina causa beneficios y daños. Lo importante será su capacidad para conseguir información  desde distintas perspectivas sopesando así los beneficios y daños que la vacuna del VPH representa para usted.

Fuente: Revista Mujer y Salud

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