Carme Valls-Llobet – endocrinóloga

¿Cómo es y cómo funciona el tiroides?
La glándula tiroidea está situada en la parte inferior del cuello encima de la tráquea, en la base del cartílago tiroideo. Tiene forma de alas de mariposa y pesa aproximadamente de 15 a 20 gr. Se divide en unos lóbulos, en el interior de los cuales se encuentran los folículos, unas estructuras parecidas a quistes, en los que se acumula una substancia viscosa llamada coloide. El coloide contiene, a su vez, una proteína propia del tiroides, la tiroglobulina, que es una proteína que puede servir para controlar la actividad de los nódulos de tiroides.
Las hormonas que produce el tiroides son la Tiroxina (T4) y la Triyodotironina (T3), la primera que contiene 4 átomos de yodo y la segunda tres. La T4 se convierte en T3 en los tejidos y ésta última es la más activa.
Las hormonas tiroideas, como las demás hormonas,  tienen efectos sobre casi todos los tejidos del organismo, regulan el metabolismo basal, la termorregulación  y afectan al crecimiento, al peso corporal,  y como decía Marañón “dan permiso para que el resto de hormonas actúen en los demás sistemas”. La glándula tiroides también sintetiza la calcitonina, hormona que juega un papel importante en la homeostasis del calcio. Hay una hormona, la TSH (hormona estimulante del tiroides), que se produce en la hipófisis, que se encarga, como su nombre indica, de estimular al tiroides cuando en el organismos hay déficit. Actualmente, la determinación de TSH, es el método más adecuado para poder diagnosticar los estados clínicos y subclínicos de mal funcionamiento de la glándula. Si está produciendo un exceso de hormonas, la TSH disminuirá al máximo y si, por el contrario, la producción hormonal es baja o bien, por alguna razón, ésta no llega a las células del cuerpo en suficiente cantidad para su metabolismo, la TSH aumentará primero lentamente y después de forma exagerada.
La decisión de qué nivel de TSH es normal es crucial para el diagnóstico de las enfermedades tiroideas y para evaluar de forma rigurosa la dosis necesaria para normalizar su función. Ya en los primeros estudios de población que realizó Turnbridge en 1978 en el país de Gales, con técnicas de determinación que podríamos denominar aún muy groseras,  determinaron que la mayoría de la población sana tenía unos niveles de TSH alrededor de la unidad, y treinta años después Saaf en Alemania, entre población laboral, y con técnicas de determinación más modernas, encontró el mismo valor entre una población sana. Estas evaluaciones se han comprobado también con voluntarios sanos, por lo que se considera en la actualidad que las cifras normales de TSH oscilarían entre (0,3-
2,5 UI/L) tanto para mujeres como para hombres.
Cifras superiores o por debajo de este rango de valores se relacionan con clínica de hipotiroidismo o hipertiroidismo. Estudios profundos recientes han demostrado que cifras más elevadas de 2,5 ya producen alteraciones en las grasas circulantes y favorecen  cambios en las células  endoteliales coronarias, incrementan la tensión diastólica y son un factor de riesgo cardiovascular. Asimismo prestigiosos autores de la Ginecología Reproductiva ya han comprobado que cifras superiores a 2,5 de TSH impiden la ovulación y favorecen la esterilidad, por lo que al aplicar las tecnologías Reproductivas se recomienda que previamente se normalice la función tiroidea para conseguir un embarazo.
Los criterios para denominar como subclínico el hipotiroidismo o hipertiroidismo, que se utilizaban hasta cierto grado de alteración de la TSH, han quedado superados por diversos estudios clínicos que demuestran que el cansancio existe en todos los casos y se han objetivado alteraciones en la salud mental, la salud reproductiva, el metabolismo óseo, el peso corporal, la memoria y la capacidad de concentración. Por ello actualmente la clasificación internacional propone hablar de hipotiroidismo o hipertiroidismo leve, moderado y grave.

Las mujeres y el tiroides

Todas las enfermedades endocrinas, las de la glándula tiroides, del páncreas, o de las suprarrenales, presentan una alta prevalencia entre el sexo femenino, pero la glándula tiroidea es la que presenta alteraciones con más frecuencia, sobre todo las relacionadas con patología autoinmune, que son aquellas en las que células del propio cuerpo se hacen extrañas para el organismo que reacciona fabricando anticuerpos contra ellas. La tiroiditis autoinmune, o tiroiditis de Hashimoto, se presenta en una proporción entre mujeres y hombres de 50 a 1, y el 25% de las tiroiditis postparto, son tiroiditis autoinmunes.
Además, hay tiroiditis inducidas por fármacos como amiodarona, litio, interferón alfa e interleukina 2, las cuales también son más prevalentes entre el sexo femenino. De la misma manera, las estatinas administradas a mujeres con hipotiroidismo o tiroiditis  incrementan el riesgo de inducir fibromialgia o patología muscular.
La patología tiroides más frecuente en mujeres es el hipotiroidismo. Desde  el clásico estudio Whickham (1977), en que se publicó una prevalencia de hipotiroidismo del 3,5% en hombres y el 17,5% en mujeres, y a medida que han mejorado los métodos de diagnóstico y la sensibilidad de las determinaciones hormonales, se aprecia un incremento de la prevalencia del hipotiroidismo clínico y subclínico en la población

Sintomatología
El hipotiroidismo, incluso en el caso de que sea leve, se manifiesta con cansancio y dolor muscular (miopatía). En el estudio sin publicar, llevado a cabo por mi equipo, en el que relacionábamos deficiencia de hormona tiroidea con calidad de vida a través del cuestionario de PCE (Perfil de Consecuencias de la Enfermedad), encontramos que las mujeres con hipotiroidismo, tenían dificultades en tener un ocio activo, ya que tenían capacidad para acabar su trabajo habitual, pero por la noche no podían hacer nada más,
ni siquiera acabar su trabajo doméstico. También tenían problemas en la conducta de alerta, tropezaban o presentaban olvidos frecuentes y repetidos y sentían dificultades en la relaciones psicosociales, y en la conducta emocional. Todos estos aspectos mejoraron después del tratamiento con las dosis necesarias de levotiroxina sódica que normalizaron la hormona estimulante del tiroides (TSH) a las cifras más cercanas a la unidad.

En las tablas 1 y 2, podemos ver los síntomas de hipotiroidismo agrupados, primos por edades y luego por sistemas corporales. Presentar varios de estos signos puede hacernos sospechar una deficiencia tiroidea, no es preciso sufrirlos todos. También he incluido aquí la lista de síntomas del hipertiroidismo (tabla 3).

Medicamentos y alimentos que interfieren

Hay un aserie de medicamentos y alimentos que pueden interferir en el correcto metabolismo de las hormonas tiroideas, en unos casos impidiendo el paso de T4 a T3 (tabla 4), en otros impidiendo el transporte adecuado de las hormonas tiroideas (tabla 5) o, por último, impidiendo la captación celular de T4 y T3 (tabla 6). Hay además una serie de alimentos que impiden la absorción de yodo por lo que se desaconseja su consumo a las personas con bocio o hipotiroidismo (tabla 7).

Tratamiento en los casos de hipotiroidismo
Toda la sintomatología descrita desaparece con la administración de levotiroxina sódica, que es una hormona sintetizada bioidéntica que permite normalizar la hormona estimulante del tiroides (TSH) a las cifras recomendadas más arriba (en torno a la unidad). Actualmente se dispone de comprimidos de levotiroxina en dosis muy fraccionadas que permiten ajustar perfectamente la dosis y evitar el  tratar en exceso. Como debe tomarse en ayunas, lo mejor es tomar el comprimido al levantarse, y dejar un período de una media hora hasta el desayuno.
El tratamiento es de bajo costo y, además de hacer desaparecer toda la sintomatología descrita, puede prevenir un amplio número de efectos negativos derivados de padecer hipotiroidismo. Sin embargo, a pesar de todo lo dicho y de que una de cada cuatro mujeres mayores de 40 años va  a presentar un hipotiroidismo, y cada día en edades más  tempranas por efectos de los xenoestrógenos ambientales,  es frecuente en España (aunque no en otros países) que  no se trate el hipotiroidismo hasta que en lugar de leve ya sea más avanzado. Las razones aducidas son vagas, y se  relacionan con el gran número de mujeres a tratar que una actitud diferente supondría, y a posibles efectos secundarios no probados.
En lugar del tratamiento adecuado, se les da, sin embargo, antidepresivos y/o ansiolíticos. Las razones por las que se prefiere tratar una depresión con psicofármacos de alto costo antes de tratar un hipotiroidismo con un tratamiento de muy bajo coste, es algo que dejo a la sagacidad de la lectora o lector. Sabemos que la alta prevalencia del problema hace necesaria la implicación de los profesionales de atención primaria en el tratamiento de la patología tiroidea, como ha ocurrido en el caso de al diabetes, enfermedad que no ha sido negada alegando las posibles complicaciones que pudiera tener tratarla. ¿Por qué, entonces, se menosprecia la patología tiroidea, tan prevalente en mujeres, con la excusa de que no puede matarlas, “sólo afectará su calidad de vida”?
Respecto al tratamiento del Hipertiroidismo, éste dependerá de la causa y, al ser menos frecuente y en general con una clínica más florida, existe menos controversia en el tratamiento. Se pueden utilizar comprimidos con inhibidores de la formación de tiroxina, o en casos de nódulos hipercaptantes, el tratamiento de elección es con Yodo 131 que en las dosis actuales muy calculadas han permitido aumentar los casos de curación total.

Como la bibliografía disponible está en inglés, las interesadas  en consultarla dirigiros al Centro de Documentación de CAPS redcaps@pangea.org

Fuente: Revista Mujer y Salud

Ginegranada

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